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Beneficios de la fisioterapia en personas con Parkinson

Beneficios de la fisioterapia en personas con Parkinson

Parkinson

El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa que afecta al sistema nervioso central. Los temblores son el síntoma más conocido de ella, pero no es el único síntoma que puede condicionar la calidad de vida en el día a día del paciente.

¿ Qué síntomas se presentan con frecuencia en el Parkinson?

Rigidez: Tanto en miembros inferiores como superiores, y en la nuca. Se presenta resistencia al movimiento en estas áreas.

Bradicinesia, acinesia o hipocinesia: Supone el enlentecimiento, desaparición o disminución de la ejecución de movimientos.

Temblor en reposo: Se presenta de forma continuada, y no posee relación específica con una actividad.

Otros síntomas: Estado de ánimo depresivo, alteraciones del comportamiento, dificultades para hablar o tragar, falta de iniciativa o problemas de sueño se encuentran también entre los síntomas más habituales.

¿ Qué puede hacer la fisioterapia ante el Parkinson?

El tratamiento con fisioterapia ha de adaptarse a cada fase de la enfermedad, y no supone resultados inmediatos. Desde el inicio del tratamiento se trabajará la estimulación del sistema voluntario para compensar la pérdida de automatismos, además de la coordinación, ritmo de movimientos, amplitud y ciclo de la marcha, implicados en muchas de las actividades que realizamos de forma cotidiana.

En el tratamiento con fisioterapia del Parkinson, son claves dos aspectos: La reevaluación del estado de la persona de forma mensual ( ya que su estado y dificultades van a variar en función de la etapa de la enfermedad en la que se encuentre), y la colaboración multidisciplinar para abordar el tratamiento con otros profesionales sanitarios.

 

 

¿ Qué se trabaja en las distintas fases?

En la 1º Fase se pretende potenciar la actividad que fomente respiración, coordinación, fuerza y equilibrio, así como mejorar posturas inadecuadas. En algunos casos, la rehabilitación grupal en esta fase inicial es suficiente.

Durante la 2º fase, comienzan a aparecer de forma más frecuente bloqueos y dificultades al caminar. Además de mantener y combinar los aspectos que ya se trabajaban en la fase 1, se realizan ejercicios englobando actividades de estar tumbado, de pie, caminando y sentado. Ejercicios que incorporan obstáculos y cambios de ritmo al caminar, aprender estiramientos para disminuir la rigidez, e identificar y trabajar los posibles bloqueos que puedan interferir en las actividades cotidianas.

En la tercera fase, la persona apenas es capaz de caminar, pasando gran parte del tiempo sentada o tumbada. El objetivo en esta fase son las movilizaciones suaves, masajes, estiramientos y modificaciones posturales para la prevención de deformidades en las articulaciones, escaras u otras dificultades consecuencia del tiempo que permanece tumbado y/o sentado.

La evolución de la enfermedad no sigue un proceso lineal, sino que a medida que pasa el tiempo, aparecen nuevos síntomas y pueden también remitir o acentuarse otros anteriores, aunque por lo general, si el Parkinson ha aparecido a una edad más tardía, suele tener mejor pronóstico.

El Parkinson es una enfermedad que se presenta de forma heterogénea, es decir, puede variar bastante como se muestra la sintomatología en cada persona, es por ello que, como comentábamos con anterioridad, es necesario el ajuste y revisión del tratamiento con frecuencia por parte de todos los profesionales sanitarios que abordan el tratamiento de la persona diagnosticada.

 

 

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